Facultad tomada

El primero de septiembre se votó la toma de la sede de Parque Centenario y la medida continuará por lo menos hasta el viernes. Clases públicas, cortes de calle, asambleas dieron el marco al reclamo por mejores condiciones edilicias.

Por: Lorena Santa Cruz

En la puerta de Franklin de la sede Parque Centenario de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires un cartel reza “Facultad tomada”, doblando hacia Ramos Mejía una gran cantidad de estudiantes se encuentra para reclamar por mejores condiciones edilicias y el edificio único, entre clases públicas y asambleas continúa el reclamo.

El día 31 de agosto cayó un vidrio en el hall de entrada de la sede principal ubicada en la calle Marcelo T. de Alvear y los estudiantes tomaron la Facultad. El miércoles primero de septiembre a las 19 se realizó una asamblea en el aula 201 de la sede de Parque Centenario para discutir si la medida también se extendería a ésta. Los estudiantes de algunas agrupaciones pasaban por las aulas manifestándose a favor o en contra de la toma. A las 21 y 30 ya se había decidido adherir. Santiago, un estudiante de Ciencias de la Comunicación Social que milita en un espacio llamado Indisciplina, manifestó que “los militantes estaban subidos a la tarima y los no agrupados abajo, eso daba la impresión de que querían controlar ellos el debate”.

Los días posteriores se desarrollaron entre clases públicas, cortes de calle, asambleas y comunicados de prensa del Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales (CECSO). Entre los reclamos se mezclaba la caída del vidrio de la sede principal, el reclamo por el edificio único que viene desde hace años y que movilizó tomas anteriores, el pedido de la culminación del inacabado edificio de Constitución y la lucha de los alumnos secundarios por mejoras en las escuelas.

El decano Sergio Caletti expresó en Página 12 el día tres que “tenemos ideas para financiar proyectos de inclusión, pero no para subsidiar al centro de estudiantes”. Sin embargo el reclamo continúa vigente. Ernesto, un estudiante no agrupado expresó: “a veces pasa que hay sectores que se benefician más con esto de la toma, creo que el estudiantado está a favor de la toma por el edificio que venimos reclamando hace años porque las condiciones siguen siendo malas, pero podemos ver que los debates en la asamblea y comunicados pueden quedar reducidos a la opinión de dos o tres agrupaciones que tienen quizás un conflicto más directo, tal vez con el rector o con una política nacional y a veces me parece que están quitando el foco de la cuestión”.

En el día ocho antes de marchar para la asamblea en Constitución, la sede de Ramos Mejía estaba abierta, el local de apuntes funcionando y se dictaron clases públicas en la calle. De a ratos algún estudiante gritaba un reclamo, se debatía y luego un profesor de Historia continuaba dando clases en la calle. Cuando apareció un militante con la remera del Che Guevara invitando a salir para tomar el subte hacia el edificio único pocos fueron los que salieron, tuvo que volver a gritar para convocar a unos veinte estudiantes que lo siguieron. Entre consignas varias, carteles y cánticos que no tuvieron eco  y una gran cantidad de alumnos que se quedaron o en la puerta o en las clases públicas, el pequeño grupo salió hacia la asamblea. A las nueve de la noche seguían llegando alumnos. Finalmente en Constitución se decidió continuar con la medida de fuerza por lo menos hasta el viernes diez de septiembre.

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