Día del periodista

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Hace muchos años atrás yo decía que iba a ser doctora. Contenta, pedía a mi mamá que me compre el Billiken que traía el cuerpo humano. La realidad era que portaba un cuaderno día y noche y que a la vez que corría a ponerle una curita a los vecinos, trataba de aprender a escribir. La primera palabra que escribí sola y sin que nadie me la diga, ni la copie fue “toro”, absurdamente real. Las letras no me abandonaron nunca, ni aún cuando juraba que yo como médica me internaría en la selva chaqueña, me alistaría a Médicos sin Fronteras y curaría las enfermedades a las víctimas de las guerras. La vida me sacudió completamente: yo no servía para la medicina, sin embargo tenía una pasión natural por la escritura y una gran vocación social, era extremadamente curiosa, incansablemente cuestionadora y apasionada por contarles a los demás las cosas que no sabían. Casi como si fuera lo más normal del mundo, tiré mis deseos de ser médica y abracé los de ser periodista. Si me preguntaban en el CBC por qué estudiaba comunicación, decía: “porque voy a ser periodista, porque voy a estar en el lugar de los hechos y los voy a contar”. A pesar de que muchos entran a comunicación con el mismo deseo, pocos llegan hasta el final y de los que llegan, pocos terminan eligiendo finalmente esa orientación. Yo lo hice,  soy de decisiones determinantes (no creo que eso sea necesariamente algo bueno).

Nunca pude aceptar un trabajo de periodista porque siempre me ofrecían pagarme menos de lo que yo pagaba de alquiler. Siempre viví la precarización de la profesión como un gran impedimento para desplegar mi vocación. Decido trabajar gratis para un diario online, pero lo hago solo porque así lo quiero yo. En este tiempo me ofrecieron trabajar en muchas revistas muy copadas, pero gratis y no acepté por solidaridad con mis colegas. Entonces, me dedico al periodismo desde estos espacios, míos y en dónde puedo comunicar lo que me interesa. Igual, no soy ingrata, el periodismo es solo una faceta de la comunicación y yo trabajo en comunicación haciendo incluso cosas más amplias que el periodismo. Quizás porque no laburo todos los días en la calle o no tuve que pasar por los recortes de los editores, es porque aprecio y observo a la profesión como algo mágico. Sin embargo, soy consciente de que en el periodismo se juegan muchas más luchas que el deseo de comunicar con honestidad. No hablemos de la independencia, eso es algo en lo que no creo. Yo no soy objetiva, tomo un punto de vista, me paro, decido a quién entrevistar, decido a quien le doy voz, a quien dejo afuera, a quien meto para confrontar. No decirlo sería traicionar una confianza, la realidad es que yo lo digo, pero todos los hacen y dicen que no, que son independientes.

Esta es la excusa para decir que me siento periodista y por eso, a todas y todos los colegas que ejercen la profesión más hermosa del mundo, ¡feliz día!

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