¿La confusión del veganismo?

Recientemente apareció  una nota escrita por Claudio Bertonatti denominada “La confusión del veganismo”. El museólogo (si él opina sobre esto, yo como comunicadora social puedo opinar de cualquier cosa ¡vamos!) esgrime como argumento central que muchos veganos sienten empatía y defienden a animales domésticos que pueden reproducirse artificialmente pero no contemplan en su elección a animales silvestres que son asesinados y desplazados por causa de la agricultura. Aquí quiero recurrir al dicho popular y bastante especista que dice “No metas a todos los gatos en la misma bolsa”, por empezar, no sé quién le dijo a Bertonatti que a los veganos solo nos preocupan los animales domésticos, a los veganos nos preocupan todos los animales y luchamos para que se acabe la crueldad en todas sus formas. Ahora bien, hay veganos que de tan posmodernos, creo yo, están tomando por un camino que a mi no me gusta nada y es el de defender los granos transgénicos y en nombre de la ciencia justificar muchas barbaries, los mismos veganos que se enfrentan a los ambientalistas como si se tratara de cazadores. En esta línea creo que sin saberlo, el autor del artículo pretende confrontar con estos y arremete contra todos.

Vamos por parte, lo que él plantea es real:

“Una de las impresiones más contundentes fue el contraste entre la abundante vida silvestre de los esteros y arroyos del nordeste argentino con las arroceras vecinas. En estas últimas no había lugar para carpinchos, ciervos de los pantanos, lobitos de río, boas curiyú, garzas, gallaretas ni patos. Para cultivar arroz se drenan esos esteros, arroyos y riachos para que les deriven su agua y muchas veces, terminan secos o muertos, sin vida. Como se empobrecen o destruyen esos ambientes naturales muchos animales silvestres desamparados buscan refugio o comida en los cultivos que los han reemplazado. Y ahí se desata un segundo golpe. Para evitar que las aves o mamíferos coman los granos o brotes se esparcen semillas envenenadas o se traen tours de cazadores salvajes a desterrarlos a tiros de plomo (también contaminante). Nadie que sepa esto puede decir que por no comer carne y alimentarse con arroz, por ejemplo, no se matan animales”. 

No tengo dudas de que lamentablemente eso suceda y como viví gran parte de mi vida en un pueblo agrícolo-ganadero he visto que las personas intentan regular un ecosistema destruido por causa de la agresiva industria agrícola por medio de venenos en nidos y caza  (i)legal. Ahora bien, creo que vale la pena reflexionar acerca de un cultivo que ha cambiado la forma en la que vivimos en Argentina, se trata de la soja. Apreciada por veganos y vegetarianos, la soja soluciona gran parte de nuestras necesidades de suplantación de la carne por su versatilidad para cocinar y por sus proteínas. La soja más que ningún otro alimento ha destruido no sólo ecosistemas, cambiado el modelo agro exportador, la injerencia de las multinacionales, el empleo de mano de obra que siempre trabajó en el campo, sino que ha multiplicado el uso de agrotóxicos, la introducción de semillas transgénicas y la degradación de los suelos. ¿Lo ha hecho por causa de veganos demandantes de tofu? ¿la soja que se cultiva en Argentina la comemos acá nosotros, la escasa minoría consumidora de productos que la tienen como protagonista? Justamente no. La soja se exporta para alimentar ganado en China y para hacer biocombustibles, para seguir nutriendo una industria de explotación y maltrato animal.

El problema no está en la agricultura, está en el monocultivo, en la tecnificación del campo, en la entrada de multinacionales y en la pérdida de los sistemas productivos que este país tuvo desde siempre. Hoy en día las granjas industriales que producen pollos con patas cortas para que no se muevan y no quemen grasa, para que engorden en un mes lo que antes les llevaba 6 meses y para que coman básicamente antibióticos; los huevos producto de la explotación de gallinas que solo nacen para poner huevos en jaulas en las que una se para encima de otra y por estrés se matan, nada tiene que ver con un campo en donde los animales y humanos convivían con prácticas que yo desde el veganismo cuestiono pero que en nada se parecen a las que la industria ha introducido en una maquinaria de crueldad sin límites. Ahora bien, ¿la agricultura es la única culpable? Como expone Soledad Barruti en su libro “Malcomidos” gran parte de las vacas que la soja corrió de la región Pampeana ahora van a pastar a selvas como El Impenetrable en Chaco, en donde todo entra en un negocio de explotación, deforestación y criminalidad. Para hacer terrenos de pastoreo, se talan y queman árboles sin que haya control del Estado, matando además, a todas las formas de vida que allí habitaban.

“A diferencia de lo que ocurre con las variedades domésticas, las especies silvestres que se extinguen no tienen reposición”

Dice Claudio Bertonatti, quien piensa como muchos ambientalistas, en términos de economía cuando piensan en vida. Y si bien yo me reconozco como preocupada por los problemas del planeta, de su flora, de su fauna y de tratar de tomar decisiones que tengan los mínimos impactos ambientales, no estoy de acuerdo con esto. La visión de proteger para equilibrar y demás, que termina en cazas y otras formas de crueldad, no va conmigo. Tampoco lo va que se preocupen por los animales en términos de “recursos” como cuando Greenpeace pedía que se regule la pesca de la merluza porque se iba a acabar. A la mayoría de los ambientalistas nunca los he visto pensar en términos de dolor o crueldad, con tal de equilibrar un ecosistema y hacerlo productivo, hacen cualquier cosa.

Los veganos, dejando de comer carne, derivados y de consumir cualquier producto de origen animal o que para su realización implica la utilización de animales, tal vez no vayamos a evitar que se maten animales silvestres en la siembra de granos. Tampoco podemos dejar de comer. No somos los veganos quienes debemos velar para que los agricultores no eliminen a las especies silvestres. Es el Estado, quien debe regular que el sistema de monocultivo que no nos alimenta, no dañe los ecosistemas. Difamar a los veganos no hace más que demostrar que esta persona no sabe nada. Yo cuando como un plato de arroz no me siento responsable de ninguna muerte, pero si voy y le pago a un carnicero, indirectamente lo soy. Si no caemos en lo que decía Osho de que hasta los vegetarianos comen cadáveres porque las plantas se nutren de los cuerpos muertos para brotar y así terminamos comiendo aire (y ni siquiera porque está contaminado de gases provenientes de cuerpos fósiles de animales prehistóricos).

Por otro lado y quisiera pensar en algo que no figura en el texto de Bertonatti pero sí en su biografía, él fue director del zoológico porteño. Ahora entiendo el concepto de vegetariano recuperado (no los hay peor), si con ese artículo quiere defenderse por comer un asado que lo haga, si él está en paz con su conciencia, bien por él. No le respondo a él porque el hecho de haber dirigido una cárcel de animales en el medio de una urbe de cemento en donde, por ejemplo, el oso polar murió de calor y en donde se caza a las maras para que no sobrepueblen el zoológico, ya no hay mucho que argumentar, solo intento reflexionar un poco para que todos nos pongamos a pensar más allá de las declaraciones que pretenden ser polémicas solo para salir un rato en los medios.

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