10 libros que expandieron mi mente

Hola a todas esas personas maravillosas que siguen mi blog. Ante todo les deseo un excelente 2016, lleno de muchas letras y muchas historias. Deseo comenzar este año con el propósito de escribir más y por eso lo quiero hacer sobre uno de mis temas favoritos: la literatura. Siempre leí mucho y los veranos fueron para mí, más que la pileta y los helados, horas de la siesta de devorar libros que me trasladaban a lugares increíbles. La literatura nos forma, nos ejercita y nos estimula pero muchas veces también nos parte la cabeza. En estos días estuve pensando en libros que marcaron un antes y un después en mi vida. Creo que todos dejaron su huella pero intenté hacer una lista de 10:

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Un mundo feliz-Aldous Huxley

El sistema capitalista ha ganado indiscutiblemente. Ya no necesitamos ni los libros, ni hacer el amor para que nazcan hijos, no existe enamorarse y  a las clases sociales y a los trabajadores los crean en probetas. La felicidad se consigue a través de una droga llamada “Soma” que el Estado proporciona gratuitamente. En este mundo tecnócrata y funcional un hombre empieza a cuestionar todo e inicia un viaje que lo llevará a buscar la verdad. Un libro sumamente inquietante, sobre todo por las similitudes con el mundo actual ¿Y vos ya te preguntaste cuál es tu Soma?

Ilusiones-Richard Bach

Un profeta que maneja una avioneta va enseñando por diferentes ciudades. Las personas lo siguen, se agolpan en multitudes para escucharlo. Otro piloto se lo encuentra y sorprendido de que no cargue gasolina, entre otras peculiaridades, decide viajar con él. El profeta le enseña la clave de la vida cuando salen del cine y le deja leer su “Manual del Mesías”. Las enseñanzas están enfrente de nuestras narices.

Los Premios-Julio Córtazar

Si Rayuela marca un camino de vida, Los Premios sin duda es un manifiesto filosófico. Una novela que ha sido relegada a los “otros libros” del escritor pero que me ha enseñado más sobre cómo escribir que cualquier teoría de la Literatura. Un sorteo, un boleto para un crucero, personas que no se conocen entre sí y que además nada tienen que ver, se encuentran en un barco. El terror se empieza a adueñar de ellos a partir de los rumores que corren. En este libro hay lugar para el amor, la muerte, el despertar espiritual y los héroes impensados.

Trópico de Capricornio-Henry Miller

Un hombre que ha perdido la fe en la humanidad y en sí mismo comienza a trabajar en la oficina de correos de Nueva York. Su puesto le permite ayudar a otros con una situación peor que la suya. Mientras su vida transcurre junto a la de las personas con las que trabaja o se divierte realiza una ácida crítica a la sociedad estadounidense evidenciando el fracaso del Sueño Americano. Esta obra ejemplo de la generación Beat es una hermosa patada al estómago.

De amor y de sombras-Isabel Allende

Fue mi primer encuentro con las dictadura latinoamericanas y con la belleza de un género que me apropié para siempre. Allende narra en esta novela el horror de la dictadura de Pinochet de la mano de dos jóvenes enamorados, una periodista y un fotógrafo que se topan con la cara más atroz de aquella época.

Operación Masacre-Rodolfo Walsh

Sin dudas, Rodolfo Walsh es bandera para muchos periodistas. Para mí, más allá de la contundencia discusiva de sus investigaciones periodísticas, representa un ejemplo de compromiso con la verdad, lo cual debería ser una tarea de todo periodista que se precie, valor muy perdido hoy en día. Y si bien la verdad es inalcanzable, quienes comunicamos, deberíamos aspirar a la misma. En este libro, Walsh reconstruye un fusilamiento en una basurero del conurbano bonaerense a partir de recibir la noticia de que “hay un fusilado que vive”. Este libro constituye el nacimiento de un nuevo género en todo el mundo, denominado non fiction que también tuvo a Truman Capote como representante y consiste en una investigación periodística novelada, es decir, una suerte de crónica llevada más al lado de la literatura que a la de la cronología del periodismo duro.

Crónicas marcianas-Ray Bradbury

Un conjunto de capítulos sincrónicos forman este libro que tiene un hilo conductor: la humanidad colonizó Marte. Los mismos egoísmos que en la Tierra llevan los seres humanos al planeta rojo mientras acaban con sus habitantes originarios. Un libro que a la vez que nos plantea una ciencia ficción exquisita nos interpela acerca de nuestra esencia.

Megafón o la guerra-Leopoldo Marechal

Un referí de boxeo y un deseo épico. Un viaje hacia la historia de Buenos Aires y el encuentro con los padres fundadores. Peronismo y cultura popular encriptada en clave esotérica. Un libro difícil de describir pero fundamental para quien ama la intertextualidad y la literatura autóctona.

Frankenstein-Mary Shelley

Un doctor construye  un ser a partir de restos de cadáveres y le da vida. El ser lo llama “padre” pero el doctor lo repudia. Una novela que nos abre camino para pensar en biotecnología, vida artificial y dilemas éticos. Un libro doloroso y crudo pero constituyente de la cultura popular moderna.

1984-George Orwell

Un régimen autoritario rige una sociedad empobrecida y altamente burocratizada. El Gran Hermano lo controla todo y eso puede ser muy sofocante. Ministerios por aquí, ministerios por allá, racionamiento de comida, uniformidad, castigo a la crítica, control y más control. Un hombre se corre un poco del sistema y activa toda la maquinaria. Resistencia vs. status quo. ¿Qué estás dispuesto a tolerar por tu libertad de pensamiento?

Espero que les haya gustado la lista. Pronto vendrán más. Les deseo un excelente día.

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Adán Buenosayres

Cuando tenía quince años ya había leído bastante, tenía un gran recorrido por los clásicos, la literatura latinoamericana y la argentina. Aún no sabía cuál era mi libro favorito pero sabía que me veía reflejada en los relatos de nuestro continente, en las mujeres de esas historias, en el legado que nos dejó el imperialismo y en la resistencia, esa que también es literatura. Entre los argentinos favoritos se encontraba Julio Cortázar y Manuel Puig.

Un día, caminaba por los pasillos de la biblioteca y me topé con él: Leopoldo Marechal. Generalmente es bueno empezar por el principio y el título me atraía, “Adán Buenosayres”.

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Marechal quería ilustrar a un héroe porteño, una inspiración en el Ulises de Joyce. Decide hacerlo en la figura de un maestro de escuela, un poeta triste, no correspondido que vive en una pensión en Villa Crespo. El libro cuenta la última semana de la vida de Adán Buenosayres y algunas de las aventuras que vive junto a sus amigos. Los personajes secundarios, están inspirados en Borges, Xul Solar, Scalabrini Ortíz, entre otros amigos del autor.

La novela muestra el despertar metafísico de Adán Buenosayres en su última semana de vida, a modo de epílogos contiene dos capítulos: El cuaderno de tapas azules y Viaje a la oscura ciudad de Cacodelophia. El primero es el diario del protagonista en donde escribe sobre el amor que siente por Solveig Amudnsen, la joven de la clase alta de la que estaba enamorado y el segundo es una parodia de la Divina Comedia en donde narra su viaje post mortem por los círculos de los infiernos, purgatorio y cielo.

Adán Buenosayres es una novela compleja, llena de intertextualidad y alusiones a una época porteña muy particular: tango, malevos, vanguardias literarias, peronismo. No voy a mentir, es un libro denso y de difícil lectura pero no cuesta demasiado identificarse con nuestro Adán. La obra es increíble, poética, hermosa y sublime.

La escribió en 1948 y generó mucha controversia, Marechal experimentaba con la narrativa y no se paraba en un terreno ya aplanado por otros. Como los grandes genios, fue incomprendido al principio pero más tarde se convertiría en un referente de la literatura argentina.

“Adán Buenosayres despertó como si regresara: la canción de Irma, pescándolo en las honduras de su sueño, lo izó un instante a través de rotas escenas y fantasmas que se desvanecían; pero se cortó el hilo de música, y Adán bajó de nuevo a grandes profundidades, entregado a la disolución de tan sabrosa muerte… Adán Buenosayres abrió definitivamente los ojos, y al ver que los objetos le mostraban su cifra irrevocable, saludó al fin, descorazonado: «¡Buenos días, Tierra!» No deseaba romper aún la inmovilidad de su cuerpo yacente: hubiera sido una concesión al nuevo día que lo reclamaba y al que se resistía él con todo el peso de una voluntad muerta”.

Así encontré mi libro favorito y a mi autor favorito. Ya hablaré sobre “Megafón o la guerra” en otro post.