[Series] The Killing

The Killing es una serie de cuatro temporadas del género policial que se estrenó en 2011. Está protagonizada por la detective Sarah Linden (Mireille Enos) y por el detective  Stephen Holder (Joel Kinnaman). En la primera y en la segunda temporada ambos detectives se ocupan de resolver un femicidio ocurrido en Seattle. La víctima es una adolescente llama Rosie Larsen (Katie Findlay) que aparece en el baúl de un auto en un lago. El auto pertenece a la campaña para alcalde de Darren Richmond (Billy Campbell), quien se encuentra disputando por primera vez el cargo con el actual alcalde. Envuelta en un halo de misterio, la muerte de esta joven, que además es buena hija, estudiante y modelo social, se verá invadida de política, opinión pública, religión, tribus, prostitución, etc. Por otro lado, la historia de los detectives que protagonizan la serie resulta toda una complejidad, Sarah Linden tiene un hijo preadolescente que reclama su atención, y justo el día que encuentra el cuerpo se estaba yendo del Estado para casarse y dejar la fuerza. En el caso de Holder, es un adicto en recuperación que tuvo que mezclarse con tranzas y delincuentes para actuar como policía encubierto en los barrios más turbios. Mientras el drama avanza todos los elementos comienzan a mezclarse y cada personaje comenzará su propia odisea personal en un contexto laboral, político y mediático complejo.

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Las otras dos temporadas están ocupadas por dos casos, uno sobre un asesino serial de prostitutas adolescentes que viven en situación de calle, íntimamente vinculado al pasado de Linden y el asesinato de una familia de clase alta relacionada con una escuela militar. Aunque parezcan casos aislados, ambos se relacionan con los personajes principales y con el caso de Rosie.

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Sarah Linden (Mireille Enos) and Stephen Holder (Joel Kinnaman) – The Killing _ Season 3 _ Gallery – Photo Credit: Frank Ockenfels 3/AMC

The Killing es una serie a la que le cabe una definición: perfecta. El argumento está genialmente ofrecido al público, los ganchos son honestos y nos hacen pegarnos a la pantalla para saber más. Los actores cumplen su rol de una manera tan creíble que no hay forma de no conectarnos espiritualmente con ellos. La actriz que interpreta a Linden encarna a su personaje con una rudeza y una fragilidad admirables, no se me ocurre otra persona para interpretarla. Lo mismo con el caso de Holder, su aspecto desgarbado y su aire de chico inocente y chico corrompido al mismo tiempo hacen a la historia. Los personajes secundarios también son altamente creíbles y bien representados. La estética de la serie nos introduce en la atmósfera  que debemos respirar: oscuridad, bosques, vapor, colores fríos, agua, lluvia constante, cuidad decadente. La serie es violenta, básicamente no oculta nada, la sangre aparece en las dosis justas y necesarias para un policial, no esperemos algo naif, la serie no lo es, es cruda y dura, como Linden. Otra cosa que me encantó de la serie fue que su perfección estuve presente hasta en el final, el final es bello, es un cierre que está bien y corona todo lo anterior. Es difícil de lograr que una serie tenga todos sus elementos bien hechos, pensados e interpretados.

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Si tuviera que pensar en otras series, se me viene a la mente Twin Peaks y The X-Files y si pensara en un libro sería A sangre fría de Truman Capote. No dejen de ver The Killing, es un perfecto ejemplo de la 3era edad de oro de la TV.

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Todas somos Laura Palmer

En 1990 David Lynch daba el puntapié inicial para que las series alcanzaran el grado de popularidad que tienen hoy. Lo hacía de la mano de una serie única, impactante y que poseía su sello distintivo, Twin Peaks. Al mejor estilo del director, las dos temporadas hablan sobre un pequeño pueblo que oculta terribles secretos y que salen a la luz a partir de un hecho dramático: el asesinato de Laura Palmer. En el primer capítulo vemos como esta hermosa joven de dieciocho años, reina del pueblo, popular y querida en la comunidad aparece asesinada y envuelta en plástico flotando en el río. Más allá de la serie, esta imagen de mujeres abusadas sexualmente, asesinadas y descartadas como basura se repite en la actualidad como una pesadilla propia del surrealismo. Ir a una entrevista laboral, entrar al edificio propio, salir a bailar, viajar, se pueden convertir hoy en día en una muerte segura.

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Twin Peaks muestra en parte lo que la sociedad piensa, Laura Palmer andaba en cosas raras, se drogaba, se acostaba con varios hombres y bebía. Eso le hacía pensar a Donna, su mejor amiga, que a Laura le iba a pasar algo: Laura se lo andaba buscando. La ficción no logra superar a la realidad. La última muerte abordada por los medios de comunicación, la de Daiana García volvió a poner el debate de nuevo en escena. Ante la búsqueda desesperada de la familia a través de las redes sociales, muchas personas no se privaron de decir que “se lo andaba buscando por usar shorts”.

Usar shorts, tener una vida sexual activa, salir a bailar, buscar trabajo no debería ser bajo ningún punto de vista motivos para ser abusadas y asesinadas. Deberíamos preguntarnos como sociedad qué es lo que está mal, a qué grado de la cultura hemos llegado en donde quienes opinan esto están tan seguros de tener razón que lo publican en internet.

La sociedad bambolea entre el consumo de cuerpos femeninos desnudos en televisión, revistas, afiches publicitarios, mientras condena el uso de poca ropa cuando hace 33 grados de temperatura y mientras muchos hombres caminan con el torso desnudo por la vía pública. Todavía en el año 2015 se mide con distinta vara, con una muy inequitativa y muy injusta en la que una mujer independiente (en cualquier aspecto de su vida) anda buscando deliberada o inconscientemente la violación y la muerte. Culturalmente se condena el uso de burka de los países islamitas mientras se dice que usar “una mini corta es andar buscando que le hagan algo” y si después la matan “es por buscona”.

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Por Alejandra Lunik

El machismo atraviesa la sociedad, hombres y mujeres lo justifican y se aferran, otras personas resisten. El machismo hace pensar a algunos hombres que tienen derecho sobre las mujeres, derecho de propiedad: esa mujer no tiene dueño, anda sola, se puso un short para provocarme, la voy a violar, ahorcar y una vez que satisfaga mis ansias de poseerla la voy a descartar como la basura que es, como el objeto usado que es.

En los casos más extremos la violencia de género llega al asesinato, en los casos más cotidianos las mujeres somos acosadas desde la  infancia en la calle, en la escuela, en la iglesia, en el transporte público, en el trabajo. A las mujeres nos  enseñan a cuidarnos de los hombres, a no quedarnos a solas con extraños, a no andar solas de noche, a no tomar los tragos que nos  invitan en un boliche, a no confiar. Vivir de esta manera, con esa paranoia puede ser insoportable. Las mujeres hemos ganado espacios que antes no teníamos, mientras hay mujeres que gobiernan países, dirigen grandes empresas, deciden sobre su maternidad, la sombra de la violencia de género se extiende como un miedo silencioso que nos paraliza. La última muerte, pero podría haber sido cualquier otra, nos dejó con una sensación extraña,  la de pensarnos posibles objetos de consumo y descarte. Con la sensación inescrutable de que las siguientes podemos ser nosotras ¿Cómo vamos a conquistar al mundo si el simple hecho de ir a una entrevista laboral puede implicar violación, asesinato y que nos tiren a la basura al costado de una ruta?

A veces la amenaza no es externa, en la mayoría de los casos a las mujeres las matan sus propias parejas o ex parejas, en otros casos, un familiar. Las amenazas no están afuera, muchas veces duermen al lado. A Laura Palmer la mató su padre luego de abusar sexualmente de ella. Otro caso en el que la ficción no se queda corta.

Adán Buenosayres

Cuando tenía quince años ya había leído bastante, tenía un gran recorrido por los clásicos, la literatura latinoamericana y la argentina. Aún no sabía cuál era mi libro favorito pero sabía que me veía reflejada en los relatos de nuestro continente, en las mujeres de esas historias, en el legado que nos dejó el imperialismo y en la resistencia, esa que también es literatura. Entre los argentinos favoritos se encontraba Julio Cortázar y Manuel Puig.

Un día, caminaba por los pasillos de la biblioteca y me topé con él: Leopoldo Marechal. Generalmente es bueno empezar por el principio y el título me atraía, “Adán Buenosayres”.

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Marechal quería ilustrar a un héroe porteño, una inspiración en el Ulises de Joyce. Decide hacerlo en la figura de un maestro de escuela, un poeta triste, no correspondido que vive en una pensión en Villa Crespo. El libro cuenta la última semana de la vida de Adán Buenosayres y algunas de las aventuras que vive junto a sus amigos. Los personajes secundarios, están inspirados en Borges, Xul Solar, Scalabrini Ortíz, entre otros amigos del autor.

La novela muestra el despertar metafísico de Adán Buenosayres en su última semana de vida, a modo de epílogos contiene dos capítulos: El cuaderno de tapas azules y Viaje a la oscura ciudad de Cacodelophia. El primero es el diario del protagonista en donde escribe sobre el amor que siente por Solveig Amudnsen, la joven de la clase alta de la que estaba enamorado y el segundo es una parodia de la Divina Comedia en donde narra su viaje post mortem por los círculos de los infiernos, purgatorio y cielo.

Adán Buenosayres es una novela compleja, llena de intertextualidad y alusiones a una época porteña muy particular: tango, malevos, vanguardias literarias, peronismo. No voy a mentir, es un libro denso y de difícil lectura pero no cuesta demasiado identificarse con nuestro Adán. La obra es increíble, poética, hermosa y sublime.

La escribió en 1948 y generó mucha controversia, Marechal experimentaba con la narrativa y no se paraba en un terreno ya aplanado por otros. Como los grandes genios, fue incomprendido al principio pero más tarde se convertiría en un referente de la literatura argentina.

“Adán Buenosayres despertó como si regresara: la canción de Irma, pescándolo en las honduras de su sueño, lo izó un instante a través de rotas escenas y fantasmas que se desvanecían; pero se cortó el hilo de música, y Adán bajó de nuevo a grandes profundidades, entregado a la disolución de tan sabrosa muerte… Adán Buenosayres abrió definitivamente los ojos, y al ver que los objetos le mostraban su cifra irrevocable, saludó al fin, descorazonado: «¡Buenos días, Tierra!» No deseaba romper aún la inmovilidad de su cuerpo yacente: hubiera sido una concesión al nuevo día que lo reclamaba y al que se resistía él con todo el peso de una voluntad muerta”.

Así encontré mi libro favorito y a mi autor favorito. Ya hablaré sobre “Megafón o la guerra” en otro post.

 

Recalculando

Al día siguiente de que termine Breaking Bad y al calor de todo lo que ese final generó en las redes sociales, yo dije en Twitter que si no querían que los ataquen los spoilers, vieran las series en el momento en que sucedían. Fui soberbia, pero no tenía la intención de ser mala, en realidad lo que me hartaba era poner “Breaking bad” en el buscador de Twitter y que la mayoría fueran tweets del tipo: “Aún no vi el capítulo, por favor no cuenten NADA”, eran tweets entre lacrimosos, lamentables e imperativos. Como en este blog escribo algunas cosas sobre series, nunca conté finales, ni adelanté cosas trascendentes, de hecho tampoco lo hice en Facebook ni Twitter y me guardé comentar por chat con otros fanáticos para no hacerlo en público y que alguien que no había llegado a esa parte, lo leyera. Hoy me sentí traicionada. Sentí que ese contrato se había roto, cuando leyendo una nota de el diario El país (una decepción tras otra), quise recordar Breaking Bad leyendo una crítica y a pesar de que ésta admitía spoilers, en un párrafo, acabó con diez finales, entre ellos el de Los Sopranos, serie que estoy mirando actualmente y que voy por la primera temporada. El autor cosechó una lluvia de insultos de parte de los lectores que de la misma forma que yo, solo esperaba spoilers de Breaking Bad y leían la nota porque ya habían visto el final de esta serie. Pensé un poco sobre esto, sobre escribir, sobre tener información en las manos, sobre la confianza de quienes leen…

Estuve un poco ausente del blog y esto se debe a mis obligaciones académicas. Pero escribiendo o no, siempre sigo leyendo, siempre sigo mirando series o películas. No quería dejar pasar algo importante y es el hecho de que nuestra querida Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue declarada constitucional. Hace muchos años cuando escribía un blog que se llamaba “Piquinauta”, escribí mi opinión sobre la importancia de esta ley, escribí desde el corazón, escribí como estudiante de Ciencias de la Comunicación, escribí como periodista y como ciudadana. Entre las cosas raras que pasan en la web, me llegó por e-mail en una cadena, mi propia nota. Recuerdo que quedé atónita y también que mi blog recibió muchas visitas por ello. Luego, cerré aquel blog y me pasé a este y esa nota solo quedó en mi memoria. Esta ley es importante para todxs, acá se están jugando muchas cosas, hay muchos debates que no todo el mundo conoce. La ley de radiodifusión era una ley creada por la dictadura cívico militar, fue una ley hecha a la medida de los intereses de un gobierno de facto que pretendía controlar toda la información y la comunicación. Cuando terminó la dictadura, el gobierno de Alfonsín tuvo la posibilidad de discutir dos leyes que la reemplazaran pero por las presiones que recibió no pudo continuar. Los gobiernos de Menem, al calor del neoliberalismo y como representante de los intereses del status quo de la especulación financiera, fue un importante aliado de los sectores de medios más poderosos de la Argentina y ante una sucesión de decretos de necesidad y urgencia modificó a más no poder aquella ley de la dictadura para beneficiar la concentración mediática. Desde la dictadura en adelante, un grupo fue el más beneficiado, el mismo que obtuvo Papel Prensa silenciando las torturas y los asesinatos de la Junta, el mismo que fue el beneficiario de la primera privatización de los 90: canal 13. Esto no está alejado de nuestras vidas cotidianas, cuando hacemos memoria es fácil recordar aquella empresa de cable chiquita de nuestra ciudad que de repente desapareció comprada por Cablevisión o la concentración mediática, los nuevos empresarios que aparecían y se chupaban todo: radios AM y FM, canales de aire y de cable. Los 90 ayudaron a la consolidación del poderío de presión de los grupos de medios y esto además de impedir la aparición de nuevas voces, de voces alternativas, de voces regionales y locales, generaba que los periodistas y trabajadores de medios tuvieran pocos lugares a los que ir a trabajar si por una de esas casualidades de la vida, disentían con sus patrones.

La nueva ley, llamada vulgarmente, Ley de Medios, fue elaborada bajo el esqueleto de los 21 puntos propuestos por FARCO y discutida a lo largo y a lo ancho del país. Esta ley es una deuda histórica de la democracia y un pedido históricos de las carreras públicas de Comunicación. Esta ley no surgió de un gobierno (pero este gobierno la puso en la agenda pública), no es una ley que lleve un fin turbio de control de medios, no es una ley que va en contra de nadie. Pero a eso ya lo sabemos…¿lo sabemos? Porque parece que cuando se tocan los intereses de los que siempre fueron los beneficiados (durante dictadura, radicalismo, “peronismo”, neoliberalismo), todo está mal. Estos mismos, aprovechan la gran concentración mediática y salen a acusar de corrupción, de control de la información, de censura. Y no olvidemos: son los mismos que a los crímenes de la dictadura le decía “aparecieron muertos”, claro, mágicamente. Son los mismos que recibieron Papel Prensa y sofocaron a todos los otros diarios, a muchos de los cuales hicieron desaparecer vendiéndoles el papel a precio exorbitante. Estos mismos que acusan de falta de libertad de expresión hablan hasta de los presidentes muertos con un relajo que es falta de respeto, y nadie les dice nada. Nos comemos su discurso de odio, difamación, miedo, violencia y tenemos que escuchar y verlos decir que son víctimas. Mientras inventan mentiras y operaciones dicen que no hay libertad de expresión, pero lo peor, las pobres víctimas durante cuatro años, a fuerza de medidas cautelares no permiten que se les aplique la ley. Y tanto poder tienen que a diferencia de cualquier hijo de vecino, llevan el reclamo a la Corte Suprema de Justicia. Por suerte y con justicia, la Corte falló a favor de la democratización de voces. Ya no hay más que explicar, adecuación a a la norma y a cumplir las leyes como hacemos todxs lxs ciudadanoxs de este bello país.

Recalculando…se vienen nuevas entradas al blog. Nuevas entrevistas a bloggers que sorprenderan. Nuevas críticas. Nuevas entrevistas. Atentas y atentos.

Buen comienzo de semana.

Breaking Bad (sin spoilers)

El domingo a la noche se emitió en Estados Unidos el último capítulo de Breaking Bad pero gracias a la magia de internet, personas de todo el mundo pudimos mirarlo en vivo a través del streaming. Tanto esfuerzo por sintonizar el último capítulo de una serie, en inglés, con publicidad y con interferencias merece la pena cuando se trata de una de las mejores series de la historia de la TV.

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Como escribí en un post anterior, Breaking Bad arranca mostrándonos a un profesor de Química de secundario que tiene un trabajo luego de la escuela en un lavadero de autos, una joven esposa embarazada, un hijo con parálisis cerebral y una gran subvaloración. La familia se completa con la cuñada de Walter White, Marie, que es la hermana de Skyler y con Hank, su esposo que es agente de la DEA.

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La historia se desarrolla en Alburquerque, un escenerio desértico y duro con colores marrones. El desierto será de importancia en esta historia.

Lo que desencadena el relato e inicia el viaje o cambio de nuestro héroe es que ni bien cumple los 50 años le diagnostican un cáncer de pulmón terminal que no tiene posibilidad de ser operado. Su obra social no cubre siquiera el tratamiento y Walter se encuentra frente a una vida que se le escurre, una inteligencia desperdiciada y con una familia a la que no puede dejarle nada de dinero.

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Hank le ofrece a Walter llevarlo a una redada de metanfetaminas para que le ponga un poco de emoción a su vida y ahí Walter descubre a un ex alumno suyo, Jesse Pikman. Para la mitad del primer capítulo veremos a Walt extorcionando a Jesse para que lo meta al negocio de la droga, aprovechando sus contactos, un par de cocinadas y logrará reunir dinero suficiente.

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En ese memorable primer capítulo los vemos cocinar por primera vez, en el desierto, en la casa rodante, Walt en calzoncillos apuntando a cámara. Mucho pasó desde entonces.

Nuestro protagonista va adquiriendo a lo largo de la serie un cierto aire maléfico. Vamos viendo como un simple profesor ante la necesidad se mete en un negocio turbio pero luego hará cosas de las que no lo creíamos capaz para mantenerse.

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Al comienzo Breaking Bad nos muestra como Walt hace lo que hace por su familia, para costear su tratamiento, luego lo hace porque las circunstancias “lo obligan” pero luego es pura ambición. Nuestro héroe se transforma, aquel que adquirió el apodo de Heisenberg, termina convirtiéndose en Heisenberg, en su alter ego, en su propio monstruo.

Breaking Bad nos enfrenta a la pregunta ¿qué haría yo en tales circunstancias? y vemos que lo que hace Walt nos excede. Al comienzo es fácil identificarse con él, es un víctima de las malas decisiones, de un sistema que infravalora la capacidad intelectual, de la vida…pero luego cuando se erige en Heisenberg, es solo su propio artífice.

Quizás atravesemos un signo de época en el que ya no hay héroes buenos, quizás debamos reconstruir las teorías de los formalistas rusos y hablar de protagonistas y no de héroes. En términos de teoría del relato, Walt atraviesa su “viaje”, su “transformación”, se encuentra con sus ayudante, sus oponentes, sus dadores y claramente cambia. Tal vez cuando alguien mata no una sino muchas veces siente que es un poco Dios, quizás eso le pasó al hombre que logró hacer retroceder a su cáncer con la quimio financiada con dinero de la droga.

Breaking Bad está llena de guiños, de complicidades con los espectadores, de mensajes sutiles, de refuerzos de memoria, de dosificación de la información, de pistas para deducir. También está llena de reflexión, de filosofía, de literatura, de intertextualidad, de referencias a la cultura popular, de violencia, de acción, de emoción.

En términos técnicos abundan los planos artísticos. Cada plano cuenta y apoya el relato, no hay relleno. Cada plano importa. El relato no es lineal, es apoyado por flashfowars y flashback que contribuyen a mantener la intriga del espectador. Hay un uso de color muy interesante, sobre todo en los flashfoward de la temporada 2. La utilización de otros recursos es fascinante, por ejemplo aquel memorable capítulo que comienza con un videoclip de Los Cuates de Sinaloa cantando una canción sobre Heisenberg que significaba dos cosas: la fama de Walt que había trascendido las fronteras de los Estados Unidos y el envío de dos sicarios por parte del cartel mexicano.

Los detalles importan en esta serie, desde el ojo del oso en la piscina que Walt conserva y que va a aparecer en varios capítulos hasta el suero de quimio colgando del cuerno del venado en la cabaña de la última temporada.

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Nuestro antihéroe cambia, crece, se hace cada vez más malo, más manipulador, más ambicioso pero la última entrega de la temporada 5 nos lo devuelve vulnerable, el cáncer regresó, tal como lo pidió Skyler y Walt fue desbancado como el rey de la metanfetamina azul.

El final es cerrado, no quedan cabos sin atar. Es un final a pura acción, a pura emoción a puro ajustes de cuentas, a pura aceptación y redensión. Es un gran final.

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Varias lecciones se pueden tomar de Breaking Bad, una es que los genios infravalorados, golpeados y descartados pueden tratar de reivindicarse de la forma que sea y encontrarán la manera de ser grandes, cueste lo que cueste y se interponga quien se interponga. Otra lección es que la ley del karma no se ejecuta en otra vida que no sea esta, todos nuestros actos tienen consecuencia, como una piedra que cae al agua y produce ondas, cuando se empieza por sortear obstáculos que ponen en juego la moral, a la larga se termina perdiendo demasiado. Filosofía, recursos cinematográficos, un guión infalible, actuaciones de lujo, una de las mejores series de todos los tiempos se despidió y por suerte estuvimos allí para verla.

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De Mad men y otras series

Estas semanas no estuve escribiendo, primero por falta de tiempo, de contenido y luego porque estuve con reposo. Pero vuelvo al ruedo.

Estuve más serie-adicta que otra cosa. El reposo me llevó a poder ver ininterrumpidamente toda la última temporada de Mad men que no había podido ver antes. También vi el final de Breaking Bad ¡qué final! Y comencé a ver The Sopranos.

Con Mad men me pasa algo particular, es una serie que arranqué a ver hace varios años que cuando la nombraba nadie conocía y que a fuerza de insistencia logré hacer ver a personas que hoy me lo agradecen. Lo que más me gustó cuando la comencé a ver fue la oscura personalidad de su protagonista y luego la de los demás personajes. Otra cosa es que como trata sobre una agencia de publicidad en los 60 podemos apreciar interesantes cuestiones, en principio ver cómo se va consolidando la publicidad como práctica comunicacional y en segundo lugar al calor de qué acontecimientos se gestan los grandes símbolos. Si EE.UU. tiene algo de interesante es que la historia reciente de Occidente en gran medida fue escrita allí, este país generó los acontecimientos más trascendentes de la historia o participó activamente para torcerles el rumbo. Para mí, el siglo XX fue fascinante, los grandes cambios de la humanidad se dieron allí y podría decir que desde que yo nací hasta la actualidad (29 años) se han vivido grandes saltos tecnológicos, de costumbres, de modas, de cultura. Mad men nos muestra desde las vidas de unos yupies newyorkinos una época, trazada por grandes cambios, grandes acontecimientos, grandes revoluciones. Algo que me quedó grabado fue en una de las temporadas iniciales cuando Sally Draper mira la foto de la novia afroamericana de uno de los colegas de su padre y le pregunta si es su “sirvienta”.

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Otras cuestiones interesantes de Mad men es el rol de la mujer y la familia. La mujer en Mad men comienza siendo secretaria, madre o amante. De la mano de Peggy Olson vamos viendo como una mujer puede trabajar a la par de un hombre e ir ganando esos espacios, pero con la siempre y aún perdurable sospecha de que se acostó con su jefe. Betty, la hermosa esposa de Don Draper (el protagonista) está siempre en su casa: lava platos, reniega con sus niños, charla con sus vecinas y fuma mucho; solo sale para vestirse hermosa y acompañar a su marido. Por suerte Betty no se queda con su lugar de bella joya en una caja, durante la serie vemos como sucesivamente es engañada por Don hasta con la maestra de sus hijos, por suerte Betty comienza a desenredar una madeja que la lleva a descubrir cosas y logra sacarse a Don de encima, da un paso y se divorcia de él para casarse con un político buen hombre. Sin embargo, las mujeres son objeto de deseo en Mad men, se las puede observar hermosas, fatales, modelos, piezas de publicidad, nuestra Peggy no es una belleza. La Venus pura es Joan, la pelirroja infartante de la oficina que controla todo, sabe todo y es inteligente pero se acuesta con su jefe y eso le pesará aún cuando sea socia.

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La familia en Mad men es representada disociada, con roles típicos que no satisfacen a nadie pero que se representan con esmero y fatiga. El bello hogar a las afueras de New York, los niños y la esposa rubios, el perro golden, la fiesta de cumpleaños, la cámara super 8. Pero aún así, la familia no satisface, es un lugar del que se escapa bebiendo alcohol a todas horas, fumando desde el desayuno a la cama, teniendo sexo con varias personas. Ya se puede avizorar el tipo de familia atravesado por la posición social, el consumo, el deseo de éxito tan propio de la vida actual.

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Lo que más me atrae de la serie es la publicidad, que funciona no solo como forma de darle genio a Don, sino como elemento articulador de una época y de un estilo de vida. El sueño americano pasa por la publicidad y es tarea de estos locos hombres (y chicas) darles la forma. La publicidad es genio aplicado a una finalidad mercantilista, al menos ese genio. En la serie podemos apreciar los pasos para la elaboración de las publicidades y los obstáculos que se presentan junto con la consolidación del medio televisivo y la migración de la gráfica al audiovisual. Los desafíos son históricos y las marcas son reales, me encanta que comience con Lucky Strike y el obstáculo de que se ha demostrado que fumar causa cáncer. Ya no se puede asociar el cigarrillo a la vitalidad como se hacía antes, ese será un desafío para Don y su equipo. A lo largo de las temporadas se irán desarrollando conflictos referentes no solo a las vidas personales de cada uno de ellos sino respecto al negocio, la agencia debe ir acomodándose al mercado -creciente- para sobrevivir, así es que atraviesa la compra, la incorporación de socios, la fusión.

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Otros temas que Mad men aborda son: el surgimiento del feminismo, la guerra de Vietnam, el odio racial y la lucha de Martin Luther King, la homosexualidad, el amor libre, la vida bohemia, el hipismo, los jóvenes como nuevos actores sociales, las drogas. Lo hace sin una mirada escrutadora, sin una moral. Si nos posáramos en la mirada de Don ¿de qué se puede asustar un huérfano que se mete al ejército para escapar de los recuerdos de su horrible vida, va a la guerra, toma la identidad de un muerto y regresa para mostrarse como el gran genio de la publicidad? ¿de qué puede asustarse el hombre que afirma que hace el esfuerzo por amar a sus hijos pero no le sale? ¿de qué puede asustarse el hombre al que nunca vemos comer pero sí tomar alcohol y fumar desde temprano? Este, el mismo hombre que se acuesta con decenas de mujeres  a lo largo de la serie aún cuando hace apenas poco tiempo  se volvió a casar con su secretaria 22 años más joven.

 

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Ahora hay que esperar el final pero promete, así como esta temporada comenzó en Hawai, esperemos que por el bien de Don termine en California.

Respecto al final de Breaking Bad creo que merece un post aparte pero sigo recomendándola fervientemente.  Cuando todos hablaban de Lost y yo los pensaba que al ser tan masiva era mala, me equivoqué, ahora por suerte la empecé a ver antes de que todos se pongan locos y se declaren fanáticos de Breaking Bad, pero la realidad es que cometí la fanatizada de ver el último episodio en vivo por streaming y en inglés. A diferencia de Lost, este fue un gran final. Más adelante les cuento qué pienso de The Sopranos.

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¡Buena semana!

Día del periodista

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Hace muchos años atrás yo decía que iba a ser doctora. Contenta, pedía a mi mamá que me compre el Billiken que traía el cuerpo humano. La realidad era que portaba un cuaderno día y noche y que a la vez que corría a ponerle una curita a los vecinos, trataba de aprender a escribir. La primera palabra que escribí sola y sin que nadie me la diga, ni la copie fue “toro”, absurdamente real. Las letras no me abandonaron nunca, ni aún cuando juraba que yo como médica me internaría en la selva chaqueña, me alistaría a Médicos sin Fronteras y curaría las enfermedades a las víctimas de las guerras. La vida me sacudió completamente: yo no servía para la medicina, sin embargo tenía una pasión natural por la escritura y una gran vocación social, era extremadamente curiosa, incansablemente cuestionadora y apasionada por contarles a los demás las cosas que no sabían. Casi como si fuera lo más normal del mundo, tiré mis deseos de ser médica y abracé los de ser periodista. Si me preguntaban en el CBC por qué estudiaba comunicación, decía: “porque voy a ser periodista, porque voy a estar en el lugar de los hechos y los voy a contar”. A pesar de que muchos entran a comunicación con el mismo deseo, pocos llegan hasta el final y de los que llegan, pocos terminan eligiendo finalmente esa orientación. Yo lo hice,  soy de decisiones determinantes (no creo que eso sea necesariamente algo bueno).

Nunca pude aceptar un trabajo de periodista porque siempre me ofrecían pagarme menos de lo que yo pagaba de alquiler. Siempre viví la precarización de la profesión como un gran impedimento para desplegar mi vocación. Decido trabajar gratis para un diario online, pero lo hago solo porque así lo quiero yo. En este tiempo me ofrecieron trabajar en muchas revistas muy copadas, pero gratis y no acepté por solidaridad con mis colegas. Entonces, me dedico al periodismo desde estos espacios, míos y en dónde puedo comunicar lo que me interesa. Igual, no soy ingrata, el periodismo es solo una faceta de la comunicación y yo trabajo en comunicación haciendo incluso cosas más amplias que el periodismo. Quizás porque no laburo todos los días en la calle o no tuve que pasar por los recortes de los editores, es porque aprecio y observo a la profesión como algo mágico. Sin embargo, soy consciente de que en el periodismo se juegan muchas más luchas que el deseo de comunicar con honestidad. No hablemos de la independencia, eso es algo en lo que no creo. Yo no soy objetiva, tomo un punto de vista, me paro, decido a quién entrevistar, decido a quien le doy voz, a quien dejo afuera, a quien meto para confrontar. No decirlo sería traicionar una confianza, la realidad es que yo lo digo, pero todos los hacen y dicen que no, que son independientes.

Esta es la excusa para decir que me siento periodista y por eso, a todas y todos los colegas que ejercen la profesión más hermosa del mundo, ¡feliz día!