[Series] The Killing

The Killing es una serie de cuatro temporadas del género policial que se estrenó en 2011. Está protagonizada por la detective Sarah Linden (Mireille Enos) y por el detective  Stephen Holder (Joel Kinnaman). En la primera y en la segunda temporada ambos detectives se ocupan de resolver un femicidio ocurrido en Seattle. La víctima es una adolescente llama Rosie Larsen (Katie Findlay) que aparece en el baúl de un auto en un lago. El auto pertenece a la campaña para alcalde de Darren Richmond (Billy Campbell), quien se encuentra disputando por primera vez el cargo con el actual alcalde. Envuelta en un halo de misterio, la muerte de esta joven, que además es buena hija, estudiante y modelo social, se verá invadida de política, opinión pública, religión, tribus, prostitución, etc. Por otro lado, la historia de los detectives que protagonizan la serie resulta toda una complejidad, Sarah Linden tiene un hijo preadolescente que reclama su atención, y justo el día que encuentra el cuerpo se estaba yendo del Estado para casarse y dejar la fuerza. En el caso de Holder, es un adicto en recuperación que tuvo que mezclarse con tranzas y delincuentes para actuar como policía encubierto en los barrios más turbios. Mientras el drama avanza todos los elementos comienzan a mezclarse y cada personaje comenzará su propia odisea personal en un contexto laboral, político y mediático complejo.

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Las otras dos temporadas están ocupadas por dos casos, uno sobre un asesino serial de prostitutas adolescentes que viven en situación de calle, íntimamente vinculado al pasado de Linden y el asesinato de una familia de clase alta relacionada con una escuela militar. Aunque parezcan casos aislados, ambos se relacionan con los personajes principales y con el caso de Rosie.

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Sarah Linden (Mireille Enos) and Stephen Holder (Joel Kinnaman) – The Killing _ Season 3 _ Gallery – Photo Credit: Frank Ockenfels 3/AMC

The Killing es una serie a la que le cabe una definición: perfecta. El argumento está genialmente ofrecido al público, los ganchos son honestos y nos hacen pegarnos a la pantalla para saber más. Los actores cumplen su rol de una manera tan creíble que no hay forma de no conectarnos espiritualmente con ellos. La actriz que interpreta a Linden encarna a su personaje con una rudeza y una fragilidad admirables, no se me ocurre otra persona para interpretarla. Lo mismo con el caso de Holder, su aspecto desgarbado y su aire de chico inocente y chico corrompido al mismo tiempo hacen a la historia. Los personajes secundarios también son altamente creíbles y bien representados. La estética de la serie nos introduce en la atmósfera  que debemos respirar: oscuridad, bosques, vapor, colores fríos, agua, lluvia constante, cuidad decadente. La serie es violenta, básicamente no oculta nada, la sangre aparece en las dosis justas y necesarias para un policial, no esperemos algo naif, la serie no lo es, es cruda y dura, como Linden. Otra cosa que me encantó de la serie fue que su perfección estuve presente hasta en el final, el final es bello, es un cierre que está bien y corona todo lo anterior. Es difícil de lograr que una serie tenga todos sus elementos bien hechos, pensados e interpretados.

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Si tuviera que pensar en otras series, se me viene a la mente Twin Peaks y The X-Files y si pensara en un libro sería A sangre fría de Truman Capote. No dejen de ver The Killing, es un perfecto ejemplo de la 3era edad de oro de la TV.

10 libros que expandieron mi mente

Hola a todas esas personas maravillosas que siguen mi blog. Ante todo les deseo un excelente 2016, lleno de muchas letras y muchas historias. Deseo comenzar este año con el propósito de escribir más y por eso lo quiero hacer sobre uno de mis temas favoritos: la literatura. Siempre leí mucho y los veranos fueron para mí, más que la pileta y los helados, horas de la siesta de devorar libros que me trasladaban a lugares increíbles. La literatura nos forma, nos ejercita y nos estimula pero muchas veces también nos parte la cabeza. En estos días estuve pensando en libros que marcaron un antes y un después en mi vida. Creo que todos dejaron su huella pero intenté hacer una lista de 10:

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Un mundo feliz-Aldous Huxley

El sistema capitalista ha ganado indiscutiblemente. Ya no necesitamos ni los libros, ni hacer el amor para que nazcan hijos, no existe enamorarse y  a las clases sociales y a los trabajadores los crean en probetas. La felicidad se consigue a través de una droga llamada “Soma” que el Estado proporciona gratuitamente. En este mundo tecnócrata y funcional un hombre empieza a cuestionar todo e inicia un viaje que lo llevará a buscar la verdad. Un libro sumamente inquietante, sobre todo por las similitudes con el mundo actual ¿Y vos ya te preguntaste cuál es tu Soma?

Ilusiones-Richard Bach

Un profeta que maneja una avioneta va enseñando por diferentes ciudades. Las personas lo siguen, se agolpan en multitudes para escucharlo. Otro piloto se lo encuentra y sorprendido de que no cargue gasolina, entre otras peculiaridades, decide viajar con él. El profeta le enseña la clave de la vida cuando salen del cine y le deja leer su “Manual del Mesías”. Las enseñanzas están enfrente de nuestras narices.

Los Premios-Julio Córtazar

Si Rayuela marca un camino de vida, Los Premios sin duda es un manifiesto filosófico. Una novela que ha sido relegada a los “otros libros” del escritor pero que me ha enseñado más sobre cómo escribir que cualquier teoría de la Literatura. Un sorteo, un boleto para un crucero, personas que no se conocen entre sí y que además nada tienen que ver, se encuentran en un barco. El terror se empieza a adueñar de ellos a partir de los rumores que corren. En este libro hay lugar para el amor, la muerte, el despertar espiritual y los héroes impensados.

Trópico de Capricornio-Henry Miller

Un hombre que ha perdido la fe en la humanidad y en sí mismo comienza a trabajar en la oficina de correos de Nueva York. Su puesto le permite ayudar a otros con una situación peor que la suya. Mientras su vida transcurre junto a la de las personas con las que trabaja o se divierte realiza una ácida crítica a la sociedad estadounidense evidenciando el fracaso del Sueño Americano. Esta obra ejemplo de la generación Beat es una hermosa patada al estómago.

De amor y de sombras-Isabel Allende

Fue mi primer encuentro con las dictadura latinoamericanas y con la belleza de un género que me apropié para siempre. Allende narra en esta novela el horror de la dictadura de Pinochet de la mano de dos jóvenes enamorados, una periodista y un fotógrafo que se topan con la cara más atroz de aquella época.

Operación Masacre-Rodolfo Walsh

Sin dudas, Rodolfo Walsh es bandera para muchos periodistas. Para mí, más allá de la contundencia discusiva de sus investigaciones periodísticas, representa un ejemplo de compromiso con la verdad, lo cual debería ser una tarea de todo periodista que se precie, valor muy perdido hoy en día. Y si bien la verdad es inalcanzable, quienes comunicamos, deberíamos aspirar a la misma. En este libro, Walsh reconstruye un fusilamiento en una basurero del conurbano bonaerense a partir de recibir la noticia de que “hay un fusilado que vive”. Este libro constituye el nacimiento de un nuevo género en todo el mundo, denominado non fiction que también tuvo a Truman Capote como representante y consiste en una investigación periodística novelada, es decir, una suerte de crónica llevada más al lado de la literatura que a la de la cronología del periodismo duro.

Crónicas marcianas-Ray Bradbury

Un conjunto de capítulos sincrónicos forman este libro que tiene un hilo conductor: la humanidad colonizó Marte. Los mismos egoísmos que en la Tierra llevan los seres humanos al planeta rojo mientras acaban con sus habitantes originarios. Un libro que a la vez que nos plantea una ciencia ficción exquisita nos interpela acerca de nuestra esencia.

Megafón o la guerra-Leopoldo Marechal

Un referí de boxeo y un deseo épico. Un viaje hacia la historia de Buenos Aires y el encuentro con los padres fundadores. Peronismo y cultura popular encriptada en clave esotérica. Un libro difícil de describir pero fundamental para quien ama la intertextualidad y la literatura autóctona.

Frankenstein-Mary Shelley

Un doctor construye  un ser a partir de restos de cadáveres y le da vida. El ser lo llama “padre” pero el doctor lo repudia. Una novela que nos abre camino para pensar en biotecnología, vida artificial y dilemas éticos. Un libro doloroso y crudo pero constituyente de la cultura popular moderna.

1984-George Orwell

Un régimen autoritario rige una sociedad empobrecida y altamente burocratizada. El Gran Hermano lo controla todo y eso puede ser muy sofocante. Ministerios por aquí, ministerios por allá, racionamiento de comida, uniformidad, castigo a la crítica, control y más control. Un hombre se corre un poco del sistema y activa toda la maquinaria. Resistencia vs. status quo. ¿Qué estás dispuesto a tolerar por tu libertad de pensamiento?

Espero que les haya gustado la lista. Pronto vendrán más. Les deseo un excelente día.

¿La confusión del veganismo?

Recientemente apareció  una nota escrita por Claudio Bertonatti denominada “La confusión del veganismo”. El museólogo (si él opina sobre esto, yo como comunicadora social puedo opinar de cualquier cosa ¡vamos!) esgrime como argumento central que muchos veganos sienten empatía y defienden a animales domésticos que pueden reproducirse artificialmente pero no contemplan en su elección a animales silvestres que son asesinados y desplazados por causa de la agricultura. Aquí quiero recurrir al dicho popular y bastante especista que dice “No metas a todos los gatos en la misma bolsa”, por empezar, no sé quién le dijo a Bertonatti que a los veganos solo nos preocupan los animales domésticos, a los veganos nos preocupan todos los animales y luchamos para que se acabe la crueldad en todas sus formas. Ahora bien, hay veganos que de tan posmodernos, creo yo, están tomando por un camino que a mi no me gusta nada y es el de defender los granos transgénicos y en nombre de la ciencia justificar muchas barbaries, los mismos veganos que se enfrentan a los ambientalistas como si se tratara de cazadores. En esta línea creo que sin saberlo, el autor del artículo pretende confrontar con estos y arremete contra todos.

Vamos por parte, lo que él plantea es real:

“Una de las impresiones más contundentes fue el contraste entre la abundante vida silvestre de los esteros y arroyos del nordeste argentino con las arroceras vecinas. En estas últimas no había lugar para carpinchos, ciervos de los pantanos, lobitos de río, boas curiyú, garzas, gallaretas ni patos. Para cultivar arroz se drenan esos esteros, arroyos y riachos para que les deriven su agua y muchas veces, terminan secos o muertos, sin vida. Como se empobrecen o destruyen esos ambientes naturales muchos animales silvestres desamparados buscan refugio o comida en los cultivos que los han reemplazado. Y ahí se desata un segundo golpe. Para evitar que las aves o mamíferos coman los granos o brotes se esparcen semillas envenenadas o se traen tours de cazadores salvajes a desterrarlos a tiros de plomo (también contaminante). Nadie que sepa esto puede decir que por no comer carne y alimentarse con arroz, por ejemplo, no se matan animales”. 

No tengo dudas de que lamentablemente eso suceda y como viví gran parte de mi vida en un pueblo agrícolo-ganadero he visto que las personas intentan regular un ecosistema destruido por causa de la agresiva industria agrícola por medio de venenos en nidos y caza  (i)legal. Ahora bien, creo que vale la pena reflexionar acerca de un cultivo que ha cambiado la forma en la que vivimos en Argentina, se trata de la soja. Apreciada por veganos y vegetarianos, la soja soluciona gran parte de nuestras necesidades de suplantación de la carne por su versatilidad para cocinar y por sus proteínas. La soja más que ningún otro alimento ha destruido no sólo ecosistemas, cambiado el modelo agro exportador, la injerencia de las multinacionales, el empleo de mano de obra que siempre trabajó en el campo, sino que ha multiplicado el uso de agrotóxicos, la introducción de semillas transgénicas y la degradación de los suelos. ¿Lo ha hecho por causa de veganos demandantes de tofu? ¿la soja que se cultiva en Argentina la comemos acá nosotros, la escasa minoría consumidora de productos que la tienen como protagonista? Justamente no. La soja se exporta para alimentar ganado en China y para hacer biocombustibles, para seguir nutriendo una industria de explotación y maltrato animal.

El problema no está en la agricultura, está en el monocultivo, en la tecnificación del campo, en la entrada de multinacionales y en la pérdida de los sistemas productivos que este país tuvo desde siempre. Hoy en día las granjas industriales que producen pollos con patas cortas para que no se muevan y no quemen grasa, para que engorden en un mes lo que antes les llevaba 6 meses y para que coman básicamente antibióticos; los huevos producto de la explotación de gallinas que solo nacen para poner huevos en jaulas en las que una se para encima de otra y por estrés se matan, nada tiene que ver con un campo en donde los animales y humanos convivían con prácticas que yo desde el veganismo cuestiono pero que en nada se parecen a las que la industria ha introducido en una maquinaria de crueldad sin límites. Ahora bien, ¿la agricultura es la única culpable? Como expone Soledad Barruti en su libro “Malcomidos” gran parte de las vacas que la soja corrió de la región Pampeana ahora van a pastar a selvas como El Impenetrable en Chaco, en donde todo entra en un negocio de explotación, deforestación y criminalidad. Para hacer terrenos de pastoreo, se talan y queman árboles sin que haya control del Estado, matando además, a todas las formas de vida que allí habitaban.

“A diferencia de lo que ocurre con las variedades domésticas, las especies silvestres que se extinguen no tienen reposición”

Dice Claudio Bertonatti, quien piensa como muchos ambientalistas, en términos de economía cuando piensan en vida. Y si bien yo me reconozco como preocupada por los problemas del planeta, de su flora, de su fauna y de tratar de tomar decisiones que tengan los mínimos impactos ambientales, no estoy de acuerdo con esto. La visión de proteger para equilibrar y demás, que termina en cazas y otras formas de crueldad, no va conmigo. Tampoco lo va que se preocupen por los animales en términos de “recursos” como cuando Greenpeace pedía que se regule la pesca de la merluza porque se iba a acabar. A la mayoría de los ambientalistas nunca los he visto pensar en términos de dolor o crueldad, con tal de equilibrar un ecosistema y hacerlo productivo, hacen cualquier cosa.

Los veganos, dejando de comer carne, derivados y de consumir cualquier producto de origen animal o que para su realización implica la utilización de animales, tal vez no vayamos a evitar que se maten animales silvestres en la siembra de granos. Tampoco podemos dejar de comer. No somos los veganos quienes debemos velar para que los agricultores no eliminen a las especies silvestres. Es el Estado, quien debe regular que el sistema de monocultivo que no nos alimenta, no dañe los ecosistemas. Difamar a los veganos no hace más que demostrar que esta persona no sabe nada. Yo cuando como un plato de arroz no me siento responsable de ninguna muerte, pero si voy y le pago a un carnicero, indirectamente lo soy. Si no caemos en lo que decía Osho de que hasta los vegetarianos comen cadáveres porque las plantas se nutren de los cuerpos muertos para brotar y así terminamos comiendo aire (y ni siquiera porque está contaminado de gases provenientes de cuerpos fósiles de animales prehistóricos).

Por otro lado y quisiera pensar en algo que no figura en el texto de Bertonatti pero sí en su biografía, él fue director del zoológico porteño. Ahora entiendo el concepto de vegetariano recuperado (no los hay peor), si con ese artículo quiere defenderse por comer un asado que lo haga, si él está en paz con su conciencia, bien por él. No le respondo a él porque el hecho de haber dirigido una cárcel de animales en el medio de una urbe de cemento en donde, por ejemplo, el oso polar murió de calor y en donde se caza a las maras para que no sobrepueblen el zoológico, ya no hay mucho que argumentar, solo intento reflexionar un poco para que todos nos pongamos a pensar más allá de las declaraciones que pretenden ser polémicas solo para salir un rato en los medios.

Adiós a Mad men

Hay libros, películas, libros, música y ¿por qué no series? que nos tocan el alma. Mad men ha sido creo yo, una de esas excelentes producciones que a fuerza de una buena historia, buenos actores, una excelente musicalización y una perfecta escenografía alcanzaron a convertirse en una obra maestra. Creo que Mad men ha retratado no sólo una época, sino un punto de partida hacia un presente en el que todo se puede comprar, en que las ideologías rápidamente se convierten en objeto de consumo, en donde la hegemonía política, económica y cultural se ha impuesto a través de la publicidad y de la guerra. Pero Mad men también muestra el último intento del mundo por preservar una era en donde todo podía cambiar…quizás.Todavía no era el fin de las ideologías, ni Dios había muerto y la revolución pacífica acabaría con la guerra de Vietnam.

Mad men es también la historia de personas, de imperfectas personas que se buscan a sí mismas, que luchan no sólo por saber quiénes son sino que tratan de vivir como quienes quieren ser. Y también es la historia de un hombre, de un genio de la mentira y el engaño, de un brillante publicista que afirma que al amor lo inventaron gente como él para vender cosas.

Ya escribí sobre Mad men pero entonces no había terminado de verla y en este momento en que me quedé pensando mucho sobre el final de esta serie quisiera repasar con ustedes la suerte de mis cuatro personajes favoritos: Don Draper, Betty, Peggy y Joan. Así que a partir de este momento aviso que lo siguiente contiene spoilers.

El fin de una era

Don Draper vive una vida que no es la suya, se reinventó luego de una vida de pobreza, violencia y desesperanza al tomar la identidad de otro hombre para desertar de la guerra de Corea. Don Draper, ese hombre que vive engañando, se convierte en un publicista reconocido y galardonado. Pero él no puede ser feliz porque no se encuentra, porque se hunde en la tristeza, porque todo a su alrededor se cae, porque los fantasmas del pasado lo acechan.

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Cambiar de chica como de camisa no hace feliz a Don, tampoco sus hijos, tampoco su éxito y entonces bambolea entre la depresión, el engaño y el alcohol. Sinceramente no había pensado cómo acabaría, ni siquiera imaginaba el final.

Harto de huir, finalmente Draper debe unirse a McCann, lugar que lo recibe con alegría y a pesar de que su éxito está garantizado debe compartir la mesa con una veintena de otros Directores Creativos. Él piensa que ya no hay más después de eso y en el medio de una reunión se para y comienza a manejar. En el camino se mete en problemas, en el camino se emborracha y lo golpean, algo que ya hemos visto. Draper huyendo y soñando que lo atrapan y tal vez añorando que lo hagan porque ya está cansado de mentir. Él siente que nada de lo que hizo fue significativo, arruinó dos matrimonios, no encontró la felicidad y cuando había logrado crear su propia agencia terminó siendo parte de la multinacional a la que tantas veces rechazó.

A su vez, y tal vez para mí la trama más triste del final de Mad men es el destino de Betty Draper, una mujer que nunca pudo ser feliz, una mujer a la que por ser hermosa, su entorno siempre la consideró tonta y que cuando finalmente va tras un sueño: estudiar Psicología, descubre que tiene un cáncer avanzado que le deja 6 meses de vida y contra el que no desea luchar. Conservé hasta último momento la esperanza de que eso no fuera así, pues Betty es muchas mujeres que crecieron en una época de cambios con una mentalidad de otro momento y que eligió formar una familia bajo el precepto del Sueño Americano, antes que hacer algo que ella quisiera, crecer como persona sin necesidad de seguir lo que las generaciones anteriores le habían impuesto solo por ser mujer. Relegada al ámbito de lo privado, a la familia, a las tareas domésticas, solo sale para colgar del brazo de un hombre y brillar como una joya a la que no se le permite tener opinión propia (aun con el bueno de Henry). Entonces fuma, fuma mientras lava los platos, mientras come, mientras está embarazada, mientras mira TV, mientras espera a uno u otro marido, fuma y engorda, fuma y adelgaza y porque fuma y porque guarda dolor, Betty morirá de cáncer. Triste final para Birdie, que comenzaba a encontrarse a sí misma.

Peggy es tal vez mi personaje favorito porque representa el rol de la mujer nueva. De secretaria de Don llega a ser su par. De la sospecha de que asciende por acostarse con él, logra ser reconocida y valorada por su trabajo. Peggy, el alterego de Don, quien lo hace enojar pero a quien escucha. Peggy que por ser mujer fuerte no es tomada en serio pero aunque no elige la vida doméstica, incluso cuando da en adopción a su hijo, sigue buscando el amor. Y lo encuentra, en el lugar menos esperado, de la persona menos esperada, de su amigo Stan. Reconocida como mujer y como profesional, Peggy representa el logro de las mujeres por introducirse en un mundo de hombres.

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Joan es quizás el otro ejemplo de mujer, pero que por ser una mujer fascinante, un símbolo sexual andante, no es tomada en serio. Incluso debe acostarse con un hombre despreciable, sacrificarse por salvar a la empresa y a pesar de que lo logra, no falta oportunidad de que se lo tiren en la cara. Joan fracasa sucesivamente por ser hermosa, por ser inteligente y por ser una mujer fuerte. Pero al final también se encuentra eligiendo lo que la hace feliz, y eso es tener su propia empresa, sin hombres que intenten acostarse permanentemente con ella. Bien por Joan!

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El final de Mad men es optimista pero incluso desde el punto de vista de Don es una ironía. ¿Draper encontrándose a sí mismo mientras pronuncia “om”? ¡Vamos! si apagáramos la TV o la computadora en ese momento sabríamos que nos están tomando el pelo y entonces aparece como el broche de oro una publicidad de Coca cola, incluso el hippismo, que aparece como forma de resistencia al capitalismo cada vez más acentuado mundialmente a fuerza invasiones, bombas atómicas e industria cultural es una excusa para vender. Don Draper, amigos, lo entendió todo y nos lo había advertido desde un principio.

Jon Hamm as Don Draper - Mad Men _ Season 7, Episode 14 - Photo Credit: Justina Mintz/AMC

Jon Hamm as Don Draper – Mad Men _ Season 7, Episode 14 – Photo Credit: Justina Mintz/AMC

#NiUnaMenos

Porque este blog es feminista, porque a este blog lo escribe una mujer, porque no quiero seguir escribiendo sobre mujeres que aparecen asesinadas, porque no quiero que me digan lo que puedo y lo que no puedo hacer, por las víctimas de la trata, por las mujeres asesinadas, por las mujeres golpeadas, por los hombres que no se permiten llorar, por las madres y los padres que educan a los hombres como machos violentos y belicosos y a las mujeres como “princesas” que nunca serán, porque tenemos Presidenta mujer y se la ataca por eso, porque seguimos ganando menos que los hombres, por la doble jornada, porque cuando hay que lavar los platos los hombres no se paran de la mesa, porque los tipos nos dicen groserías, porque tenemos miedo de caminar solas por la calle, porque si hace calor y nos ponemos un short un tipo nos acorrala para decirnos que nos cogería de diversas maneras, porque nos penalizan por decidir sobre nuestro cuerpo, porque se meten el Estado y la Iglesia, porque la sociedad piensa que nacimos para ser madres, porque el lenguaje construye realidad y a muchos les molesta el “todos y todas”, porque no queremos que nos maten más.

Hoy vayamos a pedirle a nuestrxs gobernantes que nos protejan. 17 hs. Congresos de la Nación.

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Todas somos Laura Palmer

En 1990 David Lynch daba el puntapié inicial para que las series alcanzaran el grado de popularidad que tienen hoy. Lo hacía de la mano de una serie única, impactante y que poseía su sello distintivo, Twin Peaks. Al mejor estilo del director, las dos temporadas hablan sobre un pequeño pueblo que oculta terribles secretos y que salen a la luz a partir de un hecho dramático: el asesinato de Laura Palmer. En el primer capítulo vemos como esta hermosa joven de dieciocho años, reina del pueblo, popular y querida en la comunidad aparece asesinada y envuelta en plástico flotando en el río. Más allá de la serie, esta imagen de mujeres abusadas sexualmente, asesinadas y descartadas como basura se repite en la actualidad como una pesadilla propia del surrealismo. Ir a una entrevista laboral, entrar al edificio propio, salir a bailar, viajar, se pueden convertir hoy en día en una muerte segura.

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Twin Peaks muestra en parte lo que la sociedad piensa, Laura Palmer andaba en cosas raras, se drogaba, se acostaba con varios hombres y bebía. Eso le hacía pensar a Donna, su mejor amiga, que a Laura le iba a pasar algo: Laura se lo andaba buscando. La ficción no logra superar a la realidad. La última muerte abordada por los medios de comunicación, la de Daiana García volvió a poner el debate de nuevo en escena. Ante la búsqueda desesperada de la familia a través de las redes sociales, muchas personas no se privaron de decir que “se lo andaba buscando por usar shorts”.

Usar shorts, tener una vida sexual activa, salir a bailar, buscar trabajo no debería ser bajo ningún punto de vista motivos para ser abusadas y asesinadas. Deberíamos preguntarnos como sociedad qué es lo que está mal, a qué grado de la cultura hemos llegado en donde quienes opinan esto están tan seguros de tener razón que lo publican en internet.

La sociedad bambolea entre el consumo de cuerpos femeninos desnudos en televisión, revistas, afiches publicitarios, mientras condena el uso de poca ropa cuando hace 33 grados de temperatura y mientras muchos hombres caminan con el torso desnudo por la vía pública. Todavía en el año 2015 se mide con distinta vara, con una muy inequitativa y muy injusta en la que una mujer independiente (en cualquier aspecto de su vida) anda buscando deliberada o inconscientemente la violación y la muerte. Culturalmente se condena el uso de burka de los países islamitas mientras se dice que usar “una mini corta es andar buscando que le hagan algo” y si después la matan “es por buscona”.

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Por Alejandra Lunik

El machismo atraviesa la sociedad, hombres y mujeres lo justifican y se aferran, otras personas resisten. El machismo hace pensar a algunos hombres que tienen derecho sobre las mujeres, derecho de propiedad: esa mujer no tiene dueño, anda sola, se puso un short para provocarme, la voy a violar, ahorcar y una vez que satisfaga mis ansias de poseerla la voy a descartar como la basura que es, como el objeto usado que es.

En los casos más extremos la violencia de género llega al asesinato, en los casos más cotidianos las mujeres somos acosadas desde la  infancia en la calle, en la escuela, en la iglesia, en el transporte público, en el trabajo. A las mujeres nos  enseñan a cuidarnos de los hombres, a no quedarnos a solas con extraños, a no andar solas de noche, a no tomar los tragos que nos  invitan en un boliche, a no confiar. Vivir de esta manera, con esa paranoia puede ser insoportable. Las mujeres hemos ganado espacios que antes no teníamos, mientras hay mujeres que gobiernan países, dirigen grandes empresas, deciden sobre su maternidad, la sombra de la violencia de género se extiende como un miedo silencioso que nos paraliza. La última muerte, pero podría haber sido cualquier otra, nos dejó con una sensación extraña,  la de pensarnos posibles objetos de consumo y descarte. Con la sensación inescrutable de que las siguientes podemos ser nosotras ¿Cómo vamos a conquistar al mundo si el simple hecho de ir a una entrevista laboral puede implicar violación, asesinato y que nos tiren a la basura al costado de una ruta?

A veces la amenaza no es externa, en la mayoría de los casos a las mujeres las matan sus propias parejas o ex parejas, en otros casos, un familiar. Las amenazas no están afuera, muchas veces duermen al lado. A Laura Palmer la mató su padre luego de abusar sexualmente de ella. Otro caso en el que la ficción no se queda corta.

El hombre elefante-David Lynch,1980

Desde chica cuando descubro a un autor trato de seguir su obra. Así me pasó con Leopoldo Marechal, con Cortázar, con Manuel Puig y con varios más de los que leí casi todo lo que escribieron.

Como hacía con esos autores de mi adolescencia, me devoro a David Lynch, pero con cautela. Sus películas, ya lo dije, me interpelan muchísimo. Es un artista que me llega, que toca algo de mí, esa maravillosa contaminación onírica, tan surrealista y que siempre me perturbó maravillosamente, me seduce demasiado. Pido disculpas si estoy hablando mucho de él, es que de alguna forma siento la necesidad de escribir sobre Lynch.

Este fin de semana terminé de ver por segunda vez Twin Peaks y esta vez me quedé con menos sabor amargo que la primera. Traté de mirar más, encontré cosas que no había notado, recordé cosas que me habían fascinado la primera vez. Esta vez me amigué más con el final.

Hoy vi “El hombre elefante” que es una película de 1980 y que me pareció sumamente interesante. La verdad es que pensé que iba a encontrarme con otra cosa, pero la película, si bien tiene su impronta, dista de ser una película más allá del drama. Me refiero a que no está marcada fuertemente por el flashback, ni el flashfoward, ni una banda sonora sofocante y hay una sola y breve pesadilla. Pero sí hay deformidad, tal vez esto sea una constante en el cine de Lynch, la deformidad física, las aberraciones, los enanos, los estigmas sociales portados en el cuerpo.

31El hombre elefante es un fenómeno de feria, un hombre con una increíble discapacidad física y una enfermedad degenerativa en todo el cuerpo que vive encerrado en una jaula para ser mostrado al público a cambio de dinero. Es anunciado como el hombre que nació de una mujer que fue violada por un elefante. Este hombre vive con un borracho que lo tiene encerrado pero que además le pega.

Un médico, interpretado por un joven y apuesto Anthony Hopkins, descubre al hombre y se lo lleva al hospital (a cambio de dinero al que lo sometía) para hacerle unas pruebas y mostrarlo ante un comité médico. Cuando el hombre elefante vuelve al hogar del borracho, éste le da tal paliza que tiene que llamar al médico para que su fuente de dinero no muera. Este último se lo lleva a vivir al hospital. Entonces, luego de tratarlo de la bronquitis crónica que sufre, descubre, junto al director del hospital, que el hombre al que consideraban un enfermo mental, habla.

el_hombre_elefanteEn el transcurso de la película, su protagonista, llamado en realidad, John Merrick es un hombre creyente, que lee la Biblia y un alma sensible y humilde que se muestra sumamente agradecido por ser tratado como un ser humano, lo que conmueve el corazón de importantes personas de la élite londinense, quienes gozan de una amistad con él.

A mí me pareció una película muy triste, muy conmovedora, me hizo pensar en cómo las personas tratan a quienes son diferentes, no solo a otras personas, sino también a los animales. Pensé sobre el rol de la ciencia y la medicina, que a veces pueden también ser un poco, los exhibidores de “fenómenos” y también en la soledad de quienes sufren ser diferentes.

elefanteHoy en día, que no estamos en la época victoriana (cuando la película transcurre), seguimos mirando a los hombres elefantes (por poner un ejemplo) de la misma manera, si bien, no están exhibidos en una jaula, pasan documentales sobre su vida en los canales de cable, ¿acaso no es esa una nueva forma de mostrar la otredad?