[Reseña] Into the wild

¡Saludos ciberamigxs! he aquí el primer post del año. Lamento haber abandonado este tiempo. A pesar de la inconstancia en mi escritura, el blog sigue teniendo lectoras y lectores (¡gracias!). Hoy quiero contarles un poco sobre una historia real que tomó la forma de un libro y de una película.

FB_IMG_1422761918208En los años anteriores en este blog entrevisté a varixs viajerxs. Esta idea de agarrar la mochila y partir siempre anda seduciendo a las mentes inquietas, como la mía. Hay gente que por suerte se anima y nos regalan sus maravillosas crónicas, aquí pueden leer a varias de estas hermosas personas.

El año pasado una compañera de trabajo me preguntó si había visto la película “Into the wild” y le dije que no, que no la conocía. Ella insistió en que era una película para mí. Ante tanta insistencia, decidí verla. La película dirigina por Sean Penn cuenta la historia de Christopher McCandless (quien utilizaba el pseudónimo de Alexander Supertramp para viajar), un joven que recién graduado de la universidad decide emprender un viaje cruzando Estados Unidos para llegar a Alaska y vivir de la naturaleza allí. En la película vemos un desarrollo lineal de los acontecimientos, desde que el protagonista emprende el viaje hasta el desenlace. Sin embargo, la película solo al final nos muestra que esta es una historia real y que terminó de manera fatal.

Retomando (no estoy spoileando, si buscan en internet ahí está la historia real por todos lados), la película se basa en un libro de Jon Krakauer, un periodista conocido además por escalar montañas, quien escribió varios artículos en una revista llamada Outside dedicada al alpinismo. Y que al seguir investigando sobre Alexander escribió este libro, también traducido como “Hacia rutas salvajes” (1996).

Sobre la película diré que al no saber que se trataba de una historia real me sentí muy decepcionada al final y muy triste. Es imposible no establecer empatía con el aventurero, inteligente y encantador Chris. Este joven de clase alta que dona todo su dinero y se va con sus libros a hacer dedo, a vivir con lo que la ruta le da y que tiene un trágico final, muere en su aventura en Alaska, de hambre (aparentemente) en un viejo autobus abandonado que le sirvió de refugio en el medio de la naturaleza. Si bien ya saben el final de la película, les aclaro que así comienza el libro. Muchas personas que leyeron esta investigación periódistica y vieron la película coinciden en que se quedan con el libro. Pero a favor de la peli diré que la banda de sonido es increíble y que sin dudas las locaciones son encantadoras.

El libro es entonces una investigación periodística exhaustiva, documentada, dedicada y bien escrita. Traza unos perfiles muy buenos de las personas que tuvieron relación cercana con Alex y también de él. En algunos momentos el autor nos cuenta sobre su propia experiencia adentrándose también en la vida salvaje, solo.

Bueno, aquí les hice 2×1. No dejen de leer el libro y si quieren vean la película. Una gran inspiración para viajeros y una advertencia sobre los peligros que pueden acechar cuando se intenta pensar que la naturaleza es inofensiva y entonces podemos abordarla sin el equipamiento adecuado para sobrevivir. La historia nos deja una gran enseñanza de parte de Alex: “La felicidad es completa solo cuando es compartida”.

Facultad tomada

El primero de septiembre se votó la toma de la sede de Parque Centenario y la medida continuará por lo menos hasta el viernes. Clases públicas, cortes de calle, asambleas dieron el marco al reclamo por mejores condiciones edilicias.

Por: Lorena Santa Cruz

En la puerta de Franklin de la sede Parque Centenario de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires un cartel reza “Facultad tomada”, doblando hacia Ramos Mejía una gran cantidad de estudiantes se encuentra para reclamar por mejores condiciones edilicias y el edificio único, entre clases públicas y asambleas continúa el reclamo.

El día 31 de agosto cayó un vidrio en el hall de entrada de la sede principal ubicada en la calle Marcelo T. de Alvear y los estudiantes tomaron la Facultad. El miércoles primero de septiembre a las 19 se realizó una asamblea en el aula 201 de la sede de Parque Centenario para discutir si la medida también se extendería a ésta. Los estudiantes de algunas agrupaciones pasaban por las aulas manifestándose a favor o en contra de la toma. A las 21 y 30 ya se había decidido adherir. Santiago, un estudiante de Ciencias de la Comunicación Social que milita en un espacio llamado Indisciplina, manifestó que “los militantes estaban subidos a la tarima y los no agrupados abajo, eso daba la impresión de que querían controlar ellos el debate”.

Los días posteriores se desarrollaron entre clases públicas, cortes de calle, asambleas y comunicados de prensa del Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales (CECSO). Entre los reclamos se mezclaba la caída del vidrio de la sede principal, el reclamo por el edificio único que viene desde hace años y que movilizó tomas anteriores, el pedido de la culminación del inacabado edificio de Constitución y la lucha de los alumnos secundarios por mejoras en las escuelas.

El decano Sergio Caletti expresó en Página 12 el día tres que “tenemos ideas para financiar proyectos de inclusión, pero no para subsidiar al centro de estudiantes”. Sin embargo el reclamo continúa vigente. Ernesto, un estudiante no agrupado expresó: “a veces pasa que hay sectores que se benefician más con esto de la toma, creo que el estudiantado está a favor de la toma por el edificio que venimos reclamando hace años porque las condiciones siguen siendo malas, pero podemos ver que los debates en la asamblea y comunicados pueden quedar reducidos a la opinión de dos o tres agrupaciones que tienen quizás un conflicto más directo, tal vez con el rector o con una política nacional y a veces me parece que están quitando el foco de la cuestión”.

En el día ocho antes de marchar para la asamblea en Constitución, la sede de Ramos Mejía estaba abierta, el local de apuntes funcionando y se dictaron clases públicas en la calle. De a ratos algún estudiante gritaba un reclamo, se debatía y luego un profesor de Historia continuaba dando clases en la calle. Cuando apareció un militante con la remera del Che Guevara invitando a salir para tomar el subte hacia el edificio único pocos fueron los que salieron, tuvo que volver a gritar para convocar a unos veinte estudiantes que lo siguieron. Entre consignas varias, carteles y cánticos que no tuvieron eco  y una gran cantidad de alumnos que se quedaron o en la puerta o en las clases públicas, el pequeño grupo salió hacia la asamblea. A las nueve de la noche seguían llegando alumnos. Finalmente en Constitución se decidió continuar con la medida de fuerza por lo menos hasta el viernes diez de septiembre.